ZP


Las mentiras que están saliendo en el periódico Público a cuenta del Manifiesto por la Lengua Común empiezan a entrar en lo grotesco. Por ejemplo:

“Sólo con pensar que alguien en España cree que el castellano está en peligro de extinción me asombro, lo encuentro una locura. No perderé mi tiempo en leer el Manifiesto”. Así de tajante se muestra Ferran Torrent.

(Manifiesto: nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés)

No, no se te ocurra leer el manifiesto, Ferran; no vaya a ser que te enteres de lo que dice. Y el caso es que es una actitud muy frecuente. El otro día pude verlo cuando me tropecé con un reparto del manifiesto en Vizcaya. Me quedé en los alrededores, con curiosidad:

Transeunte: - ¿Y esto quien lo reparte?

Repartidor: - Bueno, eso no importa. Nació de una serie de intelectuales, y lo que importa es lo que dice.

Transeunte: -Ya, pero ¿de quien sois, quien lo está repartiendo?

Repartidor: - Lo reparte quien quiere y quien está de acuerdo. En este caso somos gente que estamos en Unión Progreso y Democracia.

Transeunte: - ¡Ah!, pues en ese caso no me interesa.

Repartidor: - ¿Entonces no quieres leerlo y pensar por ti misma?

Y la transeunte le miró con cara de odio y se llevó la papela. Por cierto, no era nacionalista vasca, sino puritito PZOE. Con Z.

¿No habrá algún periodista valiente que le pregunte a ZP y compañía donde dice el manifiesto las cosas que están diciendo que dice? ¿Algún valiente de, por ejemplo, Público, cuando entrevista, por ejemplo, a cualquier Ferran Torrent?

¿Quieres ser una herramienta de las lenguas, o usar las lenguas como te convenga?

Cada vez lo están dejando más claro los socialistas:

- Congreso del PSC: Zapatero dice que sólo firmaría un manifiesto que apoye todas las lenguas de España

- Manifiesto: Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas.

Así que la elección está a huevo. Puedes elegir entre …

  • 1. Ser una herramienta para la defensa de la lengua que sea …

ó

  • 2. Ser un ciudadano con derecho a elegir como usar las lenguas.

En el primer caso te sirven Ibarretxe, o Zapatero, o Carod, o Mas, y probablemente el PP también. En el segundo caso tendrás que elegir mejor.

Tú mismo.

Buena trifulca la que se ha montado en el parlamento de cataluña, con el secretario general adjunto de CDC (CiU), Felip Puig, dándole caña a tío Tom Montilla porque que “destroza” el catalán y no es “capaz de usar la lengua propia con propiedad”.

Se lo merece. Tanto esfuerzo por erradicar su lengua y la de los suyos de Cataluña, tanto besarles el culo a los nacionalistas, para que lo desprecien como a un charnego rastrero. El mismo camino que se puede presumir a nuestro Pachindacari y a sus votantes.

Pero no aprenderán. Nunca aceptarán que su lengua propia no puede ser la que no hablan con un mínimo de propiedad. Y que por chuparles el culo a los nacionalistas solo conseguirán que les desprecien, pero jamás que les respeten. Para elegir entre el desprecio y el odio de un nazi, es mejor que el negro, el charnego o el maqueto elija el odio. Eso al menos le permite respetarse a sí mismo, y que no le tomen por un tío Tom.

“Fusilamos la entrada de hoy de Carlos Martínez Gorriarán en su blog. Lo merece.

Que no se prive nadie: ahora, Henry Kamen (y otros)

Carlos Martínez Gorriarán

Será para que no le acusen de pensamiento único, pero ayer el diario El Mundo también publicó un artículo contra el Manifiesto por la Lengua Común, y firmado por un prestigioso hispanista e historiador, Henry Kamen, especialista en los siglos XVI y XVII (cosa que se hace notar en su artículo, me temo). No sé si será por esa deformación profesional de algunos historiadores que les hace tan perspicaces respecto al pasado como obtusos respecto al presente, pero Henry Kamen ¡tampoco se ha leído el manifiesto! Adelantaré que su crítica no tiene nada que ver con los rebuznos de Suso de Toro –que cree que queremos exterminarle y sin embargo sigue suelto por ahí, habiendo gente mucho menos paranoica ingresada en centros de atención psíquica-, o con las idioteces de Ramón Zallo, que anda animando a la gente… ¡a aprender su lengua! (que por supuesto, no es la que sabe, sino la que debería saber, la propia que no tienen pero les dicta el nacionalismo: santo cielo, y es catedrático de Comunicación…)
La contra-argumentación de Kamen va más en la línea de Branchadell, sólo que a mayor altura, lo que tampoco es difícil. Pero lo más asombroso es que Kamen tampoco haya leído el Manifiesto sobre el que opina con donosura. Sólo así puede entenderse que escriba cosas como esta que cito (el énfasis es mío): “Por todo lo que he leído sobre él hasta ahora, la principal petición del Manifiesto es que una ley proclame el castellano como único idioma oficial de España”. Ya ven el disparate, cuando lo que dice es que se respete rigurosamente el artículo 3 de la Constitución que establece la cooficialidad de lenguas en las comunidades bilingües, garantizando el derecho de elección de lengua tanto a quienes prefieran el castellano como a quienes elijan el catalán, eusquera o gallego (sin pretensión de reciprocidad universal, sólo en los tratos con las administraciones y servicios sociales).
Por lo demás, Kamen, como Branchadell, Zallo y esa peña, creen que existen derechos de las lenguas: “La cuestión, que el Manifiesto en mi opinión no trata adecuadamente, es cómo se pueden garantizar los derechos de las lenguas minoritarias”. Claro, no lo trata porque parte de la premisa de que las lenguas –como tampoco ninguna construcción o dispositivo simbólico- no tienen derechos: that is the question, sir (hemos publicado una versión en inglés del Manifiesto, cortesía de Luis d’Olhaberriague (Milwaukee), para ver si en ese idioma lo entienden los enemigos de la lengua común). Porque tampoco le acaba de convencer el concepto de “lengua común”: “El problema todavía sigue, pero no se puede resolver proclamando que el idioma mayoritario es la única posible “lengua común””. Claro que no, pero el carácter de “común” que se predica –no “proclama”- de una lengua es consecuencia de su carácter mayoritario de hecho o, como es el caso del español, de su práctico conocimiento universal en el país donde por eso, y sólo por eso mismo, es lengua común. Los que proclaman lo que les da la gana son precisamente quienes se empeñan en ignorar la realidad para recrearla con sus proclamas, por ejemplo sobre las lenguas “propias” que la gente no conoce culpable e impropiamente, o conociéndola, prefieren recurrir a otra para comunicarse y aprender, delito de lesa patria contra los derechos de la parla.
* * *
Bueno, también ha llegado Ignacio Sánchez-Cuenca a leernos la cartilla. Y dice: “Los promotores del Manifiesto no han abordado estas cuestiones. Han preferido defender sus posiciones a base de responder a críticas especialmente lunáticas y zafias. Esa salida es tan decepcionante como lo sería atacar el Manifiesto por el hecho de que lo hayan ensalzado reaccionarios de toda laya. El debate sólo será provechoso si se abandona la demagogia de los derechos y se discute con datos y argumentos sobre el fin a alcanzar (bilingüismo efectivo o dominio del castellano en las comunidades con lengua propia) y los medios para conseguirlo. Justo lo contrario de lo que han hecho hasta el momento los intelectuales firmantes del Manifiesto.”

Qué manía en atribuir lo que no se ha dicho o en interpretar lo que tampoco está escrito. Porque de cualquier lectura recta y no sectaria del Manifiesto se deduce sin excesiva fatiga que también es un manifiesto a favor del bilingüismo en las comunidades bilingües, pero de un bilingüismo voluntario, basado en la libre elección de lengua, fundamentado en una enseñanza bilingüe universal que permita a los escolares aprender correctamente ambas lenguas cooficiales. Como el que había en el País Vasco, por ejemplo, y que el curso que viene se carga el Gobierno ibarretxiano imitando la “inmersión lingüística” catalana. Que viola los derechos individuales, que no son “demagogia” (sic), sino la base y la finalidad de los sistemas democráticos. Seré más claro: si el libre ejercicio de los derechos individuales acaba traduciéndose en el abandono masivo del uso de una lengua, pues qué le vamos a hacer. Es lo que tiene la libertad. Otra cosa es que a tantos no les guste, y prefieran la ingeniería social.

Hay algo que los que están en contra del MANIFIESTO POR LA LENGUA COMÚN se niegan a ver. Y es que el manifiesto defiende el derecho de cualquiera a elegir entre las lenguas oficiales del lugar como lengua vehicular en los estudios, y como lengua de comunicación con la administracion. Y los que están contra el manifiesto defienden el derecho a prohibir una de esas lenguas oficiales para esos usos.

Y ya pueden alegar todos los bellos motivos que se les ocurran, que esa belleza es una cuestión de opinión, y no es lo mismo reclamar el derecho a usar y a elegir, que reclamar el derecho a prohibir el uso y la libertad de elección. Que no, que no es lo mismo del derecho a decidir en qué lengua estudiarán tus hijos, que el derecho a decidir en qué lengua estudiaran los hijos de los demás.

Se enteren, coño.

Y doblemente estúpida; por inútil, y por indeseable.

¿Me quieren poner ustedes, señores micro nacionalistas varios, ejemplos de ingeniería social exitosos? ¿La arianización de la Alemania nazi? ¿Los soviets rusos? ¿Las locuras de Pol Pot, o de Mao? ¿La reserva espiritual de occidente de Franco? Vayan eligiendo, y después nos cuentan, gracias.

O tal vez estén pensando en Israel y la reinvención del hebreo. Pero no sirve, colegas. El problema no tiene punto de comparación. Para empezar todos los judíos que emigraron a Palestina sentían la necesidad de inventarse una patria-nación, porque no tenían una de la que no fueran echados, o en la que no fueran amplamente puteados. Y para seguir no tenían una lengua común, y para no elegir entre el yiddish y el sefardí decidieron rescatar el hebreo, pactando su pronunciación. ¿Que diablos tiene eso que ver con el País Vasco y sus necesidades (las necesidades de su gente)? Pues nada que ver.

Y así están estos locos con sus absurdos intentos:

Kontseilua cifra en 175 los años necesarios para la normalización del euskera en el País Vasco

Kontseilua, el Consejo de los Organismos Sociales del Euskara, ha calificado de “inaceptable” el ritmo de la normalización del euskera ya que según ha denunciado, en “Iparralde la lengua va camino de la desaparición, en Nafarroa se necesitarían 834 años para la normalización y en la Comunidad Autónoma Vasca 175″. Seguir en Diario Vasco –>

Estúpido, absurdo. Y aun peor, no hay motivo. ¿Para que coño necesitamos los vascos entendernos en dos idiomas, cuando nos entendemos perfectamente en uno? Y si vamos a vuestro objetivo real, que es que nos entendamos en vascuence, ¿por qué va a ser mejor entenderse en vascuence que en castellano? ¿Cual es la ventaja del vascuence sobre el castellano? Ninguna ventaja, y sí muchas desventajas.

Y lo peor de todo es la base teórica sobre la que se apoya la locura. Y es que como aquí se habló en un pasado remoto mayoritariamente en vascuence, pues hay que volver a ello. ¡Acojonante! ¿Vamos a dibujar unas rayas sobre la tierra, diciendo qué se hablaba en cada sitio, y a establecer como una obligación inmutable que se siga por siempre jamás hablando dentro de cada rayita lo que un día allí se habló? Pues al parecer no solo los nacionalistas, sino que también los Susos de Toro, los ZPs, y resto de los autodenominados progres, consideran que eso es … ¡progresista! El progreso ahora es anclarse en un pasado que nunca existió. Y dedicar nuestros mejores esfuerzos a una ingeniería social que jamás funcionará.

Pues lo siento, pero en ese plan, vascuence no, gracias.

Una “Federación de Asociacions de Escritores GALEUSCA” ha parido un contramanifiesto. Contra manifiesto en contra del manifiesto por la lengua común. Parece que se trata de una asociación de escritores que no saben escribir. Ni leer, ni pensar. La sintaxis es el alma, decía Umbral. Pues como sea verdad …

Vean, vean. Arrancan así los gachós:

Ante el discurso pretendidamente homogeneizador y centralista que subyace en el Manifiesto por la Lengua Común, la Federación de Asociaciones de Escritores GALEUSCA manifiesta que …

O sea que no se trata de un discurso homogeneizador y centralista, porque si lo fuera dirían Ante el discurso homogeneizador y centralista.  ¿Cual es entonces el problema? ¿Un discurso que no resulta homogeneizador y centralista? Ellos sabrán, que deben de entenderse muy bien entre si. Con sobreentendidos, al parecer.

Y siguen:

1. La realidad plurilingüe que conforma y da existencia al estado español, …

Lo que sugiere una idea bastante curiosa: para acabar con el estado español, anhelo de muchos de ellos, nada como acabar con aquello que lo conforma y le da existencia: la realidad plurilingüe. Así que ETA, Carod, Ibarretxe, y resto del circo, ya sabéis: para acabar con España, lo suyo es que en España se hable una sola lengua.

Y todo así, en ese plan, como por ejemplo: La visión anuladora que desde la enriquecedora realidad plurilingüe española se transmite desde el Manifiesto. Esto … -¡Oiga!, ¿desde donde? ¿Desde la enriquecedora realidad, o desde el Manifiesto (sic)? Verdaderamente, si Umbral estaba en lo cierto necesitamos con urgencia un psicopatólogo. El horrible contamanifiesto, agárrese que vienen curvas, está estudiado con más detalle y mucha más paciencia por Santiago González en su blog –>.

Pero tratemos de superar la farragosa sintaxis epiléptica, y tratemos de ir al fondo de lo que están diciendo; tanto estos escritores que no saben escribir, como ZP y los suyos. Y lo que están tratando de decir, sintaxis aparte, es que no, que usted no debe tener libertad para elegir en qué lengua oficial estudia su hijo, porque eso perjudica que las lenguas cooficiales se hablen tanto como según ellos se deberían de hablar. O sea, que su función aquí, querido conciudadano, no es ser libre, sino servir de soporte a la expansión de unas lenguas cuyo uso les ha dado el capricho de extender. Es lo que algunos llevamos tanto tiempo diciendo: que no es que usted tenga una lengua cooficial, sino que esa lengua le tiene a usted. Pero eso es sino una prosopoeya que disimula las cosas. La realidad es que unos nacionalistas le tienen a usted para extender la lengua que les conviene políticamente. En sus manos está dejarse o no dejarse. Pero se dejará.

Manda narices que llamar a alguien “españolista” sea acusarle de un pecado, pero llamarle “catalanista”, o por ahí, suponga adornarle con una virtud. Y resulta de aurora boreal que los autodenominados “progresistas” aplaudan la jugada. Pero el colmo es que los españoles elijan para su gobierno a quien se apunta a todo lo que suponga recortar la presencia y la existencia de su nación.

Pasan inadvertidos detalles grotescos como el cambio de nombre de los organismos nacionales españoles, para quitar la palabra nación de todo lo que se refiera a algo común de España. Como por ejemplo cambiar el Instituto Nacional de Meteorología por Agencia Estatal de Meteorología. O el Instituto Nacional de Empleo por Servicio Público de Empleo Estatal. Y así tantos. Pero si no pedimos explicaciones nadie nos explicará el motivo de gastarse un pastón, que podría servir para aliviar la no-crisis, en algo así. ¿Ha cambiado algo sustancial en los viejos “institutos”, para que ahora resulte imprescindible gastarse el dinero en que se llamen “agencia”, “servicio público”, o cualquier cosa que signifique lo mismo que instituto? Pues que lo expliquen. ¿O es que no tenemos una oposición capaz de preguntar, para que nos enteremos?

Porque si tenemos que enterarnos por nosotros mismos, o sea, deducirlo, lo único que podemos pensar es que el motivo del aparentemente absurdo gasto es sustituir el término “nacional” por el de “estatal”, y no el de “instituto” por “agencia”. Y lo único que podemos pensar es que no están locos y les da por cambiar los nombres sin ton ni son, sino que tienen un motivo de peso para hacerlo. Y que ese motivo no puede ser otro que acabar con la idea de que España sea una nación. Lo que coincide plenamente con los furibundos y muy falaces ataques que ha recibido el “Manifiesto por la lengua común”, insistendo en que no es necesario defender el español, cosa que el manifiesto no dice, e insistendo en ignorar que el manifiesto solo defiende la libertad de las personas a la hora de elegir entre los idiomas oficiales, usando el derecho que la constitución les concede.

No es inaceptable que alguien quiera cambiar su nacion por otra. Ni siquiera lo es que un partido llamado español quiera que España deje de ser una nación, para ser muchas naciones y muchas lenguas y muchas identidades y muchas lo_que_sea. Pero no es de recibo aceptar que lo hagan sin decir lo que están haciendo, para conseguir al final unos hechos consumados que no tengan vuelta atrás. Porque así no podremos discutir si nos interesa mantener la nación que tenemos, o sustituirla por una nacioncita tipo Vasquilandia Tremebunda o Catatonia Mafiosa, con sus preciosas lenguas marginales e irrelevantes, y muchas txapelas y barretinas como signos de identidad, o más bien de idiocia [-->].

Nos están llevando al huerto, y sin preguntarnos si ese huerto nos gusta. Por eso atacan todo lo que suponga que la gente pueda elegir. La libertad.

Sirva esto como una introducción / invitación al artículo, en ABC, de Carlos Martínez Gorriarán: No son las lenguas, es la libertad

- Que dice el euskobarómetro que puede haber un cambio de Calendari por Pachindacari.

pachindacari

pachindacari

- ¿Y eso es bueno o es malo?

- Pues depende de como se mire.

Es bueno porque aumentará el número de los que chupan pesebre y corrupción, y así se reparte juego. Y es malo porque desactivará la posibilidad de que nos quitemos la losa nacionalista de encima. El nacionalismo no podría triunfar por sí solo, porque lo tendría que hacer en contra de los que no son nazis y no tienen nada contra España. Demasiados. Pero con un Pachindacari amontillado, en plan charnego pelota, pueden desactivar la natural resitencia de los que no se quieren dejar integrar en la locura esa de Vasquilandia Tremebunda. Y si no, mírese a Cataluña, y abandónese esa estúpida esperanzade en el PSE. O escúchese a ZP, que por una vez habla bastante claro: - no hay problema lingüístico, dice. Y los vascos, ya se sabe, que decidan solos, porque eso de la nación es un concepto muy discutible.

Pachinacari está en contra de la nueva ley que suprime la enseñanza en castellano. Ahora, que sus votos no importan. Pero cuando esté negociando la composición del nuevo Gobierno Vasco, será su principal baza de negociación. Lengua y libertad a cambio de poder. La lengua y la libertad de los demás … a cambio de poder para él. Buen negocio. Pero que nadie venga protestando después. Después de haber visto y oído a Montilla y a ZP, nadie puede votar al Pachindacari y pretender que no sabía lo que votaba.

Y un último detalle. Esto es el País Vasco hoy: nada como mirarse a los ojos con los terroristas para aumentar tus expectativas electorales. Pero es natural. ¿Quien iba a pensar que 40 años de terrorismo fueran a salir gratis?

Nota: A juzgar por Google, el crédito de la voz Patxindakari es del viejo Bitnick [-->]. Al césar lo que es del césar.

La Plataforma por la Libertad de Elección Linguística se reunirá hoy con diversos miembros del Parlamento Europeo para contarles lo que pasa por aquí. Para explicarles a los franceses que es como si en Bayona no se pudiera recibir clases en francés, o a los británicos que es como si en Edimburgo no se pudiera estudiar en inglés, etc.

Mientras tanto Zapatero niega que exista el problema y afirma, cantinflesco, que “no puede gobernar en España quien no entienda su diversidad”. ¿Que pasa, Zapo, que Francia o el Reino Unido no tienen “diversidad”? ¿Que hay que cargarse la libertad para defender tu idea de “diversidad”? ¿Que tu “diversidad” es un trágala, y no la libre decisión de los ciudadanos? ¡Ah!, que no se trata de los ciudadanos, claro, sino de tu “transformación de la sociedad”. ¿Y por qué no te transformas tú, y dejas a la sociedad libre?

¿No te entra en la cabeza que cada cual sabe lo que quiere? ¿O no te interesa enterarte?

Cantinflas ataca en su último mitin al manifiesto por la lengua común, y se lo achaca al PP, con un par, diciendo la cantinflada de siempre: que lo común, en este caso el idioma, divide a los españoles. Nada como prohibir estudiar en español para unir a los españoles. Y le votan, tú.

Por otra parte tiene gracia el progrerío guay español. Atacan el manifiesto, pero no por lo que el manifiesto dice, sino por las compañías. Y lo hacen en compañía de por ejemplo los nazionalistas de racó catalá, que lo plantean así:

amenaza nazionalista a upyd

amenaza nazionalista a upyd

Esa compañía no les incomoda a los muy sensibles Gamoneda, El Pais, et al. Y eso es lo que debe unir a los españoles, según Cantinflas: una llamada al boicot físico del manifiesto y sus firmas, con una imagen que expresa el deseo de colocar una bala en el entrecejo de Rosa Díez, con el Parlamento Español, bandera incluída, al fondo. Boicot a todo ello. Lo que nos une, o según Cantinflas, nos desune.

Así andamos.

¿Y que tal esta cantinflada?: Si preservamos la diversidad y la pluralidad fortaleceremos la unidad de nuestro país(© ZP). A ver, Cantinflas: pluralidad es ser muchos, y unidad es ser uno. Y mentir es hablar de nuestro pais (unidad), cuando estás pensando en países (pluralidad).

°¿°

Mañana domingo, a partir de las 12 del mediodía, Rosa Díez recogerá firmas en la plaza Moyúa de Bilbao, para el manifiesto por la lengua común.

¡Animaros a participar!

Pero yo, aunque he firmado el manifiesto, lo he hecho sin la menor esperanza. Porque no se puede resolver un problema que ha sido artificialmente creado y es artificialmente mantenido. Y como no nos vamos a poner de acuerdo, porque no queremos ponernos de acuerdo, a mi me gustaría más una solución tipo libertad total, en vez de una solución racional como la del manifiesto.

Por ejemplo, asegurar que todos puedan estudiar en la lengua que quieran (siempre que haya demanda), sin que ninguna sea preferente. Y si acabamos no entendiéndonos en cuatro lenguas, pues nos divertiremos con señas. Así se acaba con la estupidez de Público [-->] y los zapateroides de acusar veladamente al español de “imperialismo lingüístico” y cosas así. Dejemos que cada cual hable y estudie lo que por sí mismo decida, y ya veremos lo que pasa. ¿A que no lo aceptan? ¿Y si no aceptan la libertad, quien es aquí el imperialista?

El Manifiesto por la lengua común. sigue cosechando adhesiones. Si los más rápidos fueron políticos, con Gallardón o Joaquín Leguina a la cabeza, poco después empezó el mudo de la cultura, con adelantados como el poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes de 2006, y el pintor y escultor Antonio López. De la Literatura, además de Miguel Delibes, que apoyó el texto este martes, destacan Martín Casariego, Francisco Brines, Arturo Pérez-Reverte y Carmen Posadas. Entre los firmantes de la propuesta también encontramos a artistas plásticos como Luis Feito, Gustavo Torner, Eduardo Arroyo o Antonio López.almodovar y la cultura

- ¿Ah, pero la cultura en España no eran Ramoncín, Ana Belén, Almodóvar, y el resto de la tropa que solo se preocupa cuando de defender “la alegría” de ZP se trata?

- Pues no. Esa panda ágrafa debe ser la “kultura”, que se caracteriza por tener una cuenta corriente mucho más holgada, y por importarle una higa que usted pueda educar a sus hijos en español. Y esos no firmarán tal manifiesto, no perdamos el tiempo esperando. Así que cuando le vendan “alegría” a la hora de votar, piense usted en lo que está votando. Le conviene. Y a sus hijos, aún más.

Roberto Blanco Valdés en La Voz de Galicia

Galicia es un sitio formidable. No solo disfruta de un Gobierno cuyos miembros, hablando en la misma lengua (¡es un decir!), denominan al país de dos modos diferentes, sino que, además, construye una obra faraónica -la fantástica Cidade da Cultura-, que se levanta sin que nadie sepa todavía para qué. Pero eso no es todo. Los gallegos hemos batido, sin esfuerzo, récords inauditos: somos insuperables en el reciclaje de somieres, que pueden verse en los lugares más insólitos, o en el pastiche arquitectónico, que ha adquirido por aquí caracteres de leyenda.

Nuestra última contribución a la originalidad inimitable ha llegado de la mano de la extensión del derecho de sufragio a unos supuestos gallegos que no lo son en realidad, pues ni han nacido, ni han vivido, ni viven, ni piensan vivir por estos lares: los nietos de nuestros emigrantes. ¿Qué sucederá cuando esos nietos -que dicen che, vos, riquisísimo, gringo, chévere o manito- pasen a engrosar el censo electoral de residentes ausentes (CERA) y estén en condiciones de votar en las diversas clases de elecciones que se celebran en Galicia?

Pues pasará algo tan milagroso como la multiplicación de los panes y los peces: pasará, señoras y señores, que Galicia será quizá el único país de este planeta cuyo censo electoral superará a sus habitantes de derecho. ¡Ahí es nada! ¡Ya quisieran los estudiosos de la teoría de la relatividad!

Como es sabido, la población de derecho supera en todas partes al censo electoral por efecto de un hecho tan elemental como fácil de entender: que, además de los incapacitados legalmente, los menores de 18 años no pueden votar en elecciones. Por eso, aunque nuestra población de derecho ronda los 2.700.000 habitantes, el censo gallego (sin el CERA) sobrepasa los 2.300.000 electores solo por un poco. ¿Qué ocurrirá cuando a ese censo se le añadan los 500.000 nuevos gallegos que, en números redondos, entrarán en el CERA tras la reforma del Código Civil?

Pues pasará lo más increíble y, por supuesto, lo más bochornoso que cabría imaginar en la España de comienzos del siglo XXI: que el sistema electoral quedará contaminado por la influencia perturbadora de una inmensa masa de votantes potenciales, gran parte de los cuales nunca deberían haber adquirido el derecho de sufragio. El que esos electores voten en condiciones de absoluta falta de control y de limpieza democrática y formen un censo susceptible como pocos de ser manipulado por el poder, con dádivas y presiones clientelares, debería hacer que a nuestros políticos se les cayera la cara de vergüenza.

Pero, para ello, tendrían que tener vergüenza y lucir una cara un poco menos dura que el cemento. Y, por lo que parece, no es ese el caso.

Bestia Mugabe, que perdió la primera ronda de las elecciones no está dispuesto a perder la segunda vuelta, el 27, y está tratando, y probablemente consiguiendo, acabar por la fuerza con la oposición. La cadena de bestialidades, detenciones y amenazas, tanto a los candidatos del partido MDC, favorito, parece no tener fin. Según denucian las organizaciones de ayuda humanitaria, a las que Mugabe está expulsando de Zimbabwe, los apaleamientos y torturas, y las amenazas de muerte a quien vote por la oposición se extienden por todo el país. La última denuncia viene de Humans Rights Watch, que en su útlima deunucia documeta numerosos casos de represión brutal por parte de los seguidores de Mugabe. Hay también otros informes terroríficos, por ejemplo este de UNICEF, y este de Peter Osborne para el The Mail on Sunday.

¿Donde están nuestros solidarios y combativos muchachos de la Alianza de Civilizaciones, que no dicen nada, ni mucho menos protestan? ¿Qué pasa, que la suerte de todo un país no tiene importancia si no se le puede echar la culpa a nuestros culpables favoritos? ¿Acaso resulta que Zimbabwe no es noticia porque no es una “noticia aleccionadora”?  ¡Que se jodan los negros, si les jode un negro! La superioridad moral de la izquierda de “la alegría” y el identitismo, al parecer. Con Z. Porque claro, la oposición a Mugabe no son revolucionarios antioccidentales, ni una tribu identitaria, que van juntos matabeles y shonis. No, eso de Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), suena a democracia, y a libertad; esas cosas horribles. Ni maldito caso.

°¿°

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